No te apresures en tu camino, ni sigas los pasos de otros. Siéntate y descansa un momento y escucha tu voz interior.

Averigua quién está haciendo la pregunta. Sólo entonces te recibirás a ti mism@ al llegar a tu propia puerta.

martes, 30 de marzo de 2010

Los diez toros del Zen



1. La Búsqueda el Toro.

Recorro interminablemente los pastos de este mundo en busca del toro.
Atravieso innumerables ríos, perdido en impenetrables perfiles de distantes montañas.
Fallece mi fortaleza y se agota mi vitalidad, no encuentro el toro.
En la noche sólo oigo el chirriar de las cigarras a través del bosque.


Comentario:


El toro nunca se ha perdido. ¿ Qué necesidad hay de buscar?
Sólo a causa de la separación de mi verdadera naturaleza, fracaso en encontrarlo.
En la turbación de mis sentidos pierdo incluso mi camino.
Lejos de mi hogar, veo muchas encrucijadas, pero desconozco el verdadero sendero que
me lleve a mi casa.

Me enzarzo entre la concupiscencia y el temor, la bondad y la maldad.


2. Descubrir sus Huellas.


!Junto a la rivera bajo unos árboles, descubro huellas!

Incluso sobre el fragante pasto veo sus pisadas.

Están en lo profundo de las montañas remotas.

Este rastro no puede ocultarse a ninguna nariz que apunte al cielo.


Comentario:

Comprensión de la enseñanza, veo las huellas del toro.

Ahora aprendo que, así como de un metal se forjan muchos utensilios, de mi mismo
surgen miríadas de paisajes.

A menos que yo discrimine, ¿como diferenciaré lo cierto de lo falso?

Aún no he atravesado la puerta, pero he intuido el camino
de Kokuan

sábado, 27 de marzo de 2010

Ruta de Golondrinas


La búsqueda de la verdad

comienza como un arroyo, primero

superficial, luego

cada vez más profundo

mientras aumenta su claridad


aku ideshi

kokoro no mizu ya

tatauran

sumiyuku mama ni

fukaku naru kana


SAIGYO (1118-1190)


Mil gracias querido Ángel , a través de tí ya soy su seguidora

lunes, 15 de marzo de 2010

Madre Tierra



En el silencio del campo me recuesto

sobre la tierra, húmeda por el sudor

de la noche y siento que de su vientre formo parte.

Ella me acoge en su regazo

blando de hojas y de musgo suave.

Miro los grandes árboles que se mecen

al compás del baile que el viento les ofrece.

Y sus hojas giran,

sus ramas se estremecen y se alargan

cual brazos ansiosos que quisieran palparse.

Por sus venas de madera corre savia

como fluye la sangre por mi carne.

Escucho el latido de la Tierra

y escucho el llamado de la Madre,

de los árboles, del viento.

Nuestra Madre

que me dice quedamente, con ternura:

"Ya vendrás,

mi refugio de silencio a integrar;

volverás al inicio de tu vida, y con tu aliento

formarás la nueva especie,

y verás

que la vida no se acaba con tu muerte,

sólo cambia,

se prolonga para nutrir así mis sentimientos

con los pálidos reflejos de tu corazón, ávido de mi silencio".

¡Madre mía!

Te conozco, te respeto.

Dios te puso en mis inicios y a ti pertenezco.

Pero déjame gozar de este momento sin temor de exhalar entre tus brazos

mi último aliento.

Madre Tierra,

de ti vengo y a ti vuelvo,

ya que todo será tuyo, y lo deseo.

Si hasta el llanto que de mis ojos brota es tu riego.

No me pidas demasiado por ahora,

pero espérame.

A ti iré con el cansancio de mis días y de mis largos inviernos.


Maria Eliana G.

viernes, 12 de marzo de 2010

El universo está vivo




El universo está vivo e impregnado de subjetividad. Causas y efectos sólo son el mecanismo que utiliza para realizar lo que quiere. Y lo que quiere es vivir y respirar a través de ti.

Para descubrir la verdad sobre esto necesitas relacionarte con el universo como si estuviera vivo. De otra manera, ¿cómo podrías saber que lo está? A partir de hoy, comienza a adoptar los siguientes hábitos:

* Habla con el universo.

* Escucha su respuesta.

* Establece una relación íntima con la naturaleza.

* Contempla la vida en todas las cosas.

* Condúcete como un hijo del universo.


El primer paso, hablar con el universo, es el más importante. No implica ir por ahí susurrando a las estrellas o iniciar una conversación cósmica imaginaria.


El hábito de considerar al mundo “allá fuera”, desconectado de ti, está muy arraigado; todos compartimos un prejuicio cultural que reserva la vida sólo para plantas y animales, y concede inteligencia exclusivamente al cerebro.


Tú puedes empezar a derribar esta creencia reconociendo cualquier pista de que los mundos interno y externo están conectados.

Ambos tienen la misma fuente; están organizados por la misma inteligencia profunda; se responden entre sí.

Cuando digo que puedes hablar con el universo quiero decir que puedes conectarte con él.

Sí te sientes deprimido por un día gris y lluvioso, por ejemplo, considera lo gris de tu interior y del exterior como el mismo fenómeno con aspectos objetivo y subjetivo.

Si vas de regreso a casa después de trabajar y una intensa puesta de sol atrapa tu mirada, considera que la naturaleza quería llamar tu atención, no que tú y la puesta de sol tuvieron solo un encuentro accidental.

Tu existencia se entrelaza con el universo, no por azar sino por intención.


Cuando veas que la vida existe en todas partes, reconoce lo que ves. Al principio puedes sentirte extraño haciendo esto, pero eres un cocreador y tienes el derecho de apreciar las pautas de conexión que has formado.

Conducirte como un hijo del universo no es un juego de fingimiento cósmico. Tú existes en todas partes en el espacio-tiempo, un hecho científico al que llevamos un paso adelante diciendo que este momento en el espacio-tiempo tiene un propósito especial en tu mundo.

Es tu mundo, y al responder a él de esa manera, empezarás a notar que te responde: * Algunos días todo sale bien.

* Algunos días todo sale mal.

* En ciertos momentos te sientes inmerso en el ritmo de la naturaleza.

* En ciertos momentos sientes como si desaparecieras en el cielo o el océano.

* A veces sabes que siempre has estado aquí.

Son ejemplos generales, pero puedes estar alerta a momentos que parecen hechos sólo para ti. ¿Por qué ciertos momentos parecen tener una magia irrepetible? Sólo tú puedes saberlo, pero no lo sabrás si no te sintonizas primero con el sentimiento. El símil más cercano que se me ocurre en esta clase de relación privilegiada es la que se da entre personas que se aman: los momentos ordinarios están impregnados de una presencia o peculiaridad que no podría sentir una persona ajena.

Algo totalmente irresistible atrae nuestra atención cuando estamos enamorados; una vez que lo hemos experimentado, no se olvida fácilmente. Sentimos como si estuviéramos dentro de la persona amada y ésta dentro de nosotros. Nuestra fusión con algo más grande que nosotros es una fusión de dos subjetividades. Se le ha llamado relación “tú y yo”, o la sensación de ser como una ola en el océano infinito del Ser. No permitas que nombres y conceptos te distraigan. No hay una manera determinada para relacionarte con el universo. Sólo relaciónate a tu modo. Un niño pequeño, , encuentra su camino hablando con árboles y dragones invisibles. Ésa es su relación privilegiada. ¿Cuál será la tuya? Estremécete de expectación y descúbrelo.


de el Libro de Los Secretos

lunes, 8 de marzo de 2010

La llave de la felicidad



El Divino se sentía solo y quería hallarse acompañado. Entonces decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía.

Pero cierto día, estos seres encontraron la llave de la felicidad, siguieron el camino hacia el Divino y se reabsorbieron a Él.


Dios se quedó triste, nuevamente solo. Reflexionó. Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano, pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad, encontrar el camino hacia Él y volver a quedarse solo.

Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde el hombre no pudiese hallarla. Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar; luego, en una caverna de los Himalayas; después, en un remotísimo confín del espacio sideral. Pero no se sintió satisfecho con estos lugares. Pasó toda la noche en vela, preguntándose cual sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad. Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura. Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas, porque antes o después hallaría esas tierras. Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales, porque un día el hombre exploraría todo el universo.


“?Dónde ocultarla?”, continuaba preguntándose al amanecer. Y cuando el sol comenzaba a disipar la bruma matutina, al Divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad: dentro del hombre mismo. Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad.


*El Maestro dice: Busca dentro de ti mismo. “Desafía” a Dios y róbale la suprema felicidad.


Tomado de “Cuentos Clásicos de la India” recopilados por Ramiro Calle

domingo, 7 de marzo de 2010

La ecuanimidad


La ecuanimidad es la única aptitud a la q. podemos recurrir cuando acontecen las inevitables vicisitudes o los problemas sin solución.

En la misma palabra ya está indicado lo q. el término designa : equilibrio de alma o ánimo

La ecuanimidad es la firmeza de mente ante lo grato e ingrato, lo placentero y displacentero,

mediante la ecuanimidad mantenemos una mente más estable ante el gozo y el sufrimiento y no nos dejamos tanto arrebatar por el apego o aferramiento y la aversión u odio.

La mente y el ánimo logran estar en su centro de armonía y calma a pesar de q. todo es fluctuante y mudable, tanto fuera como dentro de nosotros.

Mediante la ecuanimidad uno es más imparcial , objetivo y claro, evitando los extremos y así mismo las reacciones y compartimientos extremos.

La ecuanimidad no es jamás indiferencia, frialdad, insesibilidad.

Nace de la comprensión clara y el entendimiento correcto


La persona ecuánime es calma ante el halago y el insulto, la ganancia y la pérdida, el encuentro y el desencuentro, pero no es impasible


"la filosofía del sosiego"

martes, 2 de marzo de 2010

Observando una amapola



Si observas bien una amapola, ella te enseñará no solamente la firmeza de su tallo, sino también una cierta flexibilidad bajo las inspiraciones del viento y una gran humildad..."

En efecto, la enseñanza de la amapola está también en su fugacidad, su fragilidad.

Es necesario aprender a florecer, pero también a marchitarse.


la amapola nos enseña la fragilidad del tiempo: meditar es conocer lo Eterno en la fugacidad del instante, un instante recto, bien orientado. Es florecer en el tiempo que nos es dado para florecer, amar en el tiempo que nos es dado para amar, gratuitamente, sin por qué... Aprendiendo así a meditar "sin intención ni provecho", por el único placer de ser, y de amar la luz.

"El amor encuentra en sí mismo su recompensa"

dice San Bernardo:
"La rosa florece porque florece, sin preguntas"
Es todo el universo el que medita en mí.

Como la amapola, Podría enrojecer de alegría el instante que dura mi vida... "