No te apresures en tu camino, ni sigas los pasos de otros. Siéntate y descansa un momento y escucha tu voz interior.

Averigua quién está haciendo la pregunta. Sólo entonces te recibirás a ti mism@ al llegar a tu propia puerta.

sábado, 13 de febrero de 2010

Las estrellas hablan



El árbol anciano me enseñó que todos somos lo mismo. La montaña es mi punto de referencia: ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera, yo sigo caminando indetenible, soy guerrero: mi espada es el amor, mi escudo el humor, mi hogar la coherencia, mi texto la libertad y, si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme, prefiero la imaginación 
Quizás solamente teníamos que ser humanos.


El que yo no vea los átomos no significa que no existan. Por eso es muy importante que sea el Amor lo único que inspire mis actos. Sin Amor nada tiene sentido, sin Amor estamos perdidos, sin Amor corremos el riesgo de estar de nuevo transitando de espaldas a la luz.


En realidad sólo hablo para recordarte la importancia del silencio. Anhelo que descubras el mensaje que se encuentra detrás de las palabras; no soy un sabio, sólo una enamorada de la vida.


El silencio es la clave, la simplicidad es la puerta. No es suficiente querer despertar, sino despertar. La mejor forma de despertar es hacerlo sin preocuparse porque nuestros actos incomoden a quienes duermen al lado.


Recuerda que el deseo de hacerlo bien será una interferencia; es más importante amar lo que hacemos y disfrutar de todo el trayecto; la meta no existe, el camino y la meta son lo mismo, no tenemos que correr hacia ninguna parte, sólo saber dar cada paso plenamente.


La vida es un canto a la belleza, una convocatoria a la transparencia; cuando esto lo descubras desde la vivencia, el viento volverá a ser tu amigo, el árbol se tornará en maestro y el amanecer en ritual, la noche se vestirá de colores, las estrellas hablarán el idioma del corazón y el espíritu de la tierra reposará otra vez tranquilo.



Daigu Ryokan



Al oeste de la sala del loto, en medio de nubes, brumas, aguas y rocas, se eleva el templo del Deseo Cumplido.



Un sendero secreto lleva hasta él.


Un sendero secreto donde el pasto es profundo, donde no existen huellas del hombre.


En el centro del patio un viejo estanque donde saltan los peces.


Hacia lo alto, inmensos pinos verdes contra el azul del cielo.


Es el fin del otoño y los días son claros.


(A lo lejos percibo el monte "Lleno de gracia")


Con mi cuenco solitario golpeo de improviso tu puerta.


Yo, un monje sin ocupación, fuera de las cosas de este mundo.


Tú también un hombre ocioso durante una época de paz.


Todo el día, sin nada que hacer, bebemos saké frente a las montañas, riéndonos como locos.

D.Ryokan 1758-1831