
Se suele decir, y se suele ejercitar, la actitud de “hacer”, ¡esperando! conseguir, esperando lograr, tal o cual objetivo... Es una manera...
Otra forma es: aguardar, y esperar a que te traigan, te den... o te toque, después de una larga cola...
Otros, prefieren esperar a que hagan los demás lo que uno tiene que hacer. En otras ocasiones, se espera que los demás se den cuenta lo que “yo” necesito.
“¡Espero que esta vez, por fin, Dios se apiade de mí y me toque la lotería!...”
Es decir, hay innumerables formas de esperar.
Es decir, hay innumerables formas de esperar.
No , a una espera de brazos cruzados.,una espera de un hacer, de un ejercitarse en lo que a cada cual le corresponde.
CONTEMPLAMOS lo que transcurre a nuestro alrededor. Es una espera QUE NO INTERVIENE en lo que contempla.
Una espera sin demanda, ni personal, y menos aún ajena.
Una espera que aprende de lo que observa.
Una espera que se da cuenta de lo que de nosotros se emana;
Una espera que, en su confianza, descubre cómo llega lo necesario y cómo ocurre lo oportuno.
Una espera que no obliga, no empuja…, no se cuela.
Una espera sin atajos, es decir, sin buscar caminos más cortos.
Porque es la espera de la ¡PERMANENCIA!
Tomar consciencia de que permanecemos, de que estamos, de que están, de que está.
¡Una espera sin prisa! ¡Aleluya!
sólo pensaba........me cuesta esperar, por esta vez merece la pena
Arianna