No te apresures en tu camino, ni sigas los pasos de otros. Siéntate y descansa un momento y escucha tu voz interior.

Averigua quién está haciendo la pregunta. Sólo entonces te recibirás a ti mism@ al llegar a tu propia puerta.

lunes, 15 de marzo de 2010

Madre Tierra



En el silencio del campo me recuesto

sobre la tierra, húmeda por el sudor

de la noche y siento que de su vientre formo parte.

Ella me acoge en su regazo

blando de hojas y de musgo suave.

Miro los grandes árboles que se mecen

al compás del baile que el viento les ofrece.

Y sus hojas giran,

sus ramas se estremecen y se alargan

cual brazos ansiosos que quisieran palparse.

Por sus venas de madera corre savia

como fluye la sangre por mi carne.

Escucho el latido de la Tierra

y escucho el llamado de la Madre,

de los árboles, del viento.

Nuestra Madre

que me dice quedamente, con ternura:

"Ya vendrás,

mi refugio de silencio a integrar;

volverás al inicio de tu vida, y con tu aliento

formarás la nueva especie,

y verás

que la vida no se acaba con tu muerte,

sólo cambia,

se prolonga para nutrir así mis sentimientos

con los pálidos reflejos de tu corazón, ávido de mi silencio".

¡Madre mía!

Te conozco, te respeto.

Dios te puso en mis inicios y a ti pertenezco.

Pero déjame gozar de este momento sin temor de exhalar entre tus brazos

mi último aliento.

Madre Tierra,

de ti vengo y a ti vuelvo,

ya que todo será tuyo, y lo deseo.

Si hasta el llanto que de mis ojos brota es tu riego.

No me pidas demasiado por ahora,

pero espérame.

A ti iré con el cansancio de mis días y de mis largos inviernos.


Maria Eliana G.