
Se te ha dado el poder.
No está en ningún otro lugar, en la cima de una montaña, en un edificio, o en un pequeño cojín.
Está aquí en tu corazón.
Y no eres una personita sin poder ni voluntad ni capacidad.
Una vez que la fuerza de Dios está en tí, y puedes aceptar el infinito dentro, tu poder crece.
Sino tendrías que confiar sólo en el poder de tu intelecto y en las percepciones del mundo del ego, y tendrías que competir con otras mentes y egos en el mercado de la vida.
Una triste manera de vivir. ¿No crees?