
En todas las culturas los ritos del silencio dan paso a la calma de la existencia. La meditación budista, la hesicasta, la cristiana o la contemplativa Zen son sólo algunos ejemplos de la búsqueda del ser humano por apartarse del ruido de la existencia. Una forma para encontrarse con un ser interior que le lleve a la trascendencia.
Los druidas paseaban por los claros del bosque escuchando el silencio de los árboles que los guiaban. Los chamanes cambian, mediante la ingesta de las sustancias sagradas, el sonido de la selva metamorfoseándolo en música para
su alma. Lejos de ellos, en el Tíbet, todavía hoy los monjes budistas se pueden permitir el lujo de retirarse al interior de una cueva donde el único testigo que les acompaña es la reiteración acústica de gota de humedad que se desprende del techo.
¿Por qué el silencio es una máxima a seguir?
Los místicos afirman que basta el sonido de la respiración para perderse en un universo de sensaciones. Parece que el silencio nos da miedo. Sin embargo, terapeutas como Wilber y Chopra, buscadores de una nueva cartografía del cerebro, recomiendan que al menos destinemos cinco minutos al día a silenciar nuestra existencia. Esto desde luego no es algo nuevo. Ellos lo han recogido de tradiciones antiguas que se han adaptado a los nuevos tiempos.
En todas estas culturas el silencio ha sido una máxima a seguir, es decir, el "apartarse del mundanal ruido". El motivo era muy simple, cuando el místico se recogía en el silencio, duplicaba su capacidad de observación, potenciaba la percepción del entorno y no tenía elementos perturbadores que le distrajeran de conocer su auténtica identidad.
Los druidas paseaban por los claros del bosque escuchando el silencio de los árboles que los guiaban. Los chamanes cambian, mediante la ingesta de las sustancias sagradas, el sonido de la selva metamorfoseándolo en música para
su alma. Lejos de ellos, en el Tíbet, todavía hoy los monjes budistas se pueden permitir el lujo de retirarse al interior de una cueva donde el único testigo que les acompaña es la reiteración acústica de gota de humedad que se desprende del techo.
¿Por qué el silencio es una máxima a seguir?
Los místicos afirman que basta el sonido de la respiración para perderse en un universo de sensaciones. Parece que el silencio nos da miedo. Sin embargo, terapeutas como Wilber y Chopra, buscadores de una nueva cartografía del cerebro, recomiendan que al menos destinemos cinco minutos al día a silenciar nuestra existencia. Esto desde luego no es algo nuevo. Ellos lo han recogido de tradiciones antiguas que se han adaptado a los nuevos tiempos.
En todas estas culturas el silencio ha sido una máxima a seguir, es decir, el "apartarse del mundanal ruido". El motivo era muy simple, cuando el místico se recogía en el silencio, duplicaba su capacidad de observación, potenciaba la percepción del entorno y no tenía elementos perturbadores que le distrajeran de conocer su auténtica identidad.
P.D.






