No te apresures en tu camino, ni sigas los pasos de otros. Siéntate y descansa un momento y escucha tu voz interior.

Averigua quién está haciendo la pregunta. Sólo entonces te recibirás a ti mism@ al llegar a tu propia puerta.

martes, 1 de febrero de 2011

La meditación es volver a casa





Relaciónate con otros, pero tam­bién contigo mismo.

Ama a los de­más, pero también a ti mismo.

¡Sal!

El mundo es hermoso, está lleno de aventuras; es un desafío, y te enrique­ce...

¡No te pierdas la oportunidad!

Siempre que el mundo llame a tu puerta y te convoque, ¡ve!


Enfréntalo sin temor: no hay nada que perder; tienes todo por ganar.

Pero no te pierdas. No sigas más y más hasta perderte.

A veces, retorna a casa. A veces, olvídate del mundo:
ésos son los momentos de medita­ción.


Cada día, si quieres ser equili­brado, debes equiparar lo interior y lo exterior.

Ambos deben tener el mismo peso, de manera que tu interior nunca se torne asimétrico


Esto significa la afirmación del maestro zen:

"Camina en el río, pero no dejes que el agua te toque los pies."

Está en el mundo, pero no seas del mundo.

Está en el mundo, pero no dejes que el mundo esté en ti.


Cuando llegas a casa, llegas a casa:

como si el mundo entero hubiera desapareci­do



hacia el centro de tu ser