No te apresures en tu camino, ni sigas los pasos de otros. Siéntate y descansa un momento y escucha tu voz interior.

Averigua quién está haciendo la pregunta. Sólo entonces te recibirás a ti mism@ al llegar a tu propia puerta.

lunes, 20 de junio de 2011

Compartiendo

Revisa los acontecimientos del día desde la mañana hasta la noche: qué

sucedió, qué hiciste, qué dijiste. ¿Cómo han afectado tus palabras y acciones a otras
personas? Si has cometido algún error, admítelo e interiormente pide perdón y reza
pidiendo ayuda para mejorar, pero no retengas los errores del pasado o te sientas
culpable.
Si no cometiéramos errores no necesitaríamos estar en esta escuela de la vida;
es más, sentirse culpable normalmente impide hacer el esfuerzo necesario para cambiar,
es un sustituto de ese esfuerzo.

Quienes han tenido una experiencia próxima a la muerte han asegurado que poco
después de que dejamos el cuerpo tiene lugar una revisión similar a la sugerida
anteriormente.
Termina siempre el día ofreciéndote al Creador. Siente que estás despegándote de todos
los apegos, todos los deseos, todas las definiciones que te limitan y las ofreces a Su luz.


Puedes imaginar incluso que cada noche es como una pequeña muerte. (Algunos yoguis
de La India meditan en cementerios para romper el apego al cuerpo).
Antes de dormir siente que en tu ser eres totalmente libre.
Visualiza el corazón, que es donde se forman los apegos, como una esfera de luz, observa los deseos y apegos como hilos atados a esa esfera.
Ahora imagina que cortas todos esos hilos hasta que la esfera se libera,
visualízala suave y uniforme.
 Haz brillar esa esfera y a medida que lo haces siente que eres cada vez más libre.
Ofrece a Dios tus posesiones y todo lo que eres.
Hazte uno con Su luz. Intenta mantenerte en este estado a medida que empiezas a dormirte
e intenta despertarte con esa sensación de libertad infinita.

namasté

A.